Por Cristian Flores
El nepotismo es una forma de corrupción. Es el uso indebido
del poder para beneficiar con empleo a amigos y familiares dentro y fuera de la
política. Pero, sin duda, el nepotismo se ha convertido en un problema en
México.
En Tlaxcala, el nepotismo se mira ya como una normalidad.
Hemos visto cacicazgos como el de la familia Covarrubias Cervantes en Texoloc,
así como partidos políticos secuestrados por matrimonios como el PAN, el
dirigente Ángelo Gutiérrez Hernández y su esposa, la diputada Miriam Martínez;
en el PRD, Juan Manuel Cambrón Soria y su esposa Nancy Islas Solís, secretaria
de Igualdad de Género; y en Morena, su dirigente Marcela González Castillo y su
esposo, el alcalde capitalino Alfonso Sánchez García, señalado además como
favorito para la candidatura a la gubernatura de Tlaxcala en 2027.
En el PT, uno de los casos más evidentes fue el de Silvano
Garay Ulloa, comisionado estatal del partido y diputado con licencia
indefinida, quien heredó su curul a su hijo, Silvano Garay Loredo, consolidando
así una práctica que muchos consideran la expresión más clara del nepotismo en
el estado. Tras las críticas, el propio Garay Loredo y su hermana, la diputada
federal Irma Yordana, han asegurado que el nepotismo está dentro de la
legalidad.
También existen los “nepo babies” como la directora del
Instituto Tlaxcalteca de la Juventud, Lucero Morales, hija del diputado Vicente
Morales Pérez; el diputado Emilio de la Peña Aponte, hijo del titular de la
Secretaría de Impulso Agropecuario, Rafael de la Peña Bernal; el presidente
municipal de Tetla por Morena, Giovani Montiel hijo del secretario particular
de la gobernadora, Gelacio Montiel Fuentes; así como las hijas de la
gobernadora Lorena Cuéllar: María Fernanda, presidenta estatal de Bienestar, y
Mariana, presidenta honorífica del DIF. Alfonso Sánchez García también ha sido
señalado como producto del nepotismo por ser hijo de un exgobernador.
Lo cierto es que el nepotismo no está prohibido de manera
explícita en la ley, pero sí se contrapone a normativas y principios que buscan
evitar conflictos de interés en el servicio público y aunque no exista una
prohibición directa, continúa considerándose nepotismo cuando se contrata o
favorece a familiares en cargos públicos. Y para la ciudadanía, estas practicas
siguen siendo mal vistas.
El nepotismo continuará siendo sinónimo de abuso de poder,
aunque se intente renombrar o normalizar desde el discurso político.
Nos vemos la próxima semana en El Juego Sobre la Mesa.
