La derrota de Alfonso


Opinión de Cristian Flores 

El pasado domingo, la comunidad de Ocotlán le propinó un golpe contundente al aparato político del alcalde capitalino Alfonso Sánchez García. Víctor Garrido Lechuga, abanderado de la planilla Azul, pudo reelegirse para dirigir de nueva cuenta la Comisión del Agua Potable y Alcantarillado (CAPAO).

Más de dos mil ciudadanos salieron a votar para elegir al dirigente de la CAPAO. Mil 553 sufragios obtuvo Garrido Lechuga, mientras que su más cercano competidor, Arturo Rojas Garfías, —apoyado por el gobierno municipal— apenas alcanzó 904 votos. Una diferencia de más de 600 votos.

Desde septiembre de 2025, la CAPAO, encabezada por Garrido Lechuga, había denunciado el intento del Ayuntamiento de asumir el control total de la comisión mediante la designación de un representante a modo; sin embargo, no lo logró. Los pobladores dejaron claro entonces que los recursos del agua debían ser manejados por la comunidad, no por burócratas que operan bajo la sombra del presidente municipal. 

Por más que Alfonso Sánchez García intentó sabotear la elección a través de sus operadores —entre ellos el secretario del Ayuntamiento, Víctor Hugo Gutiérrez—, el resultado fue un rotundo fracaso. Ni con toda la estructura municipal desplegada pudieron doblegar a la voluntad ciudadana. Sufrieron una paliza en una elección que, en teoría, podían ganar.

Lo que ocurrió en Ocotlán es un ejemplo de que el equipo del ayuntamiento, con todo el peso institucional, no pudo ganar una elección de una comisión de agua, ¿qué puede esperarse en una contienda mayor? Esta derrota es apenas la antesala de lo que podría ser un descalabro electoral para el proyecto ALMA —Alfonso y Marcela— en la elección por la gubernatura.

Porque si con recursos públicos, estructura territorial y operadores políticos no lograron imponerse en una comunidad, es difícil imaginar que puedan hacerlo en los 60 municipios del estado.

El poder puede intimidar, pero no convencer a una ciudadanía que está harta de las imposiciones. Y cuando la ciudadanía decide alzar la voz en las urnas, el poder oficial se desploma. La comunidad de Ocotlán acaba de demostrar que hay fuerzas que no se compran con presupuesto ni se doblegan con presión. Alfonso Sánchez García y su equipo deberían tomar nota, porque si siguen subestimando el poder ciudadano, la elección por la gubernatura les puede salir mucho más cara que una comisión de agua.

Nos vemos la próxima semana en El Juego Sobre la Mesa.


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