Opinión de Aldo Romero
El Instituto Tlaxcalteca de Elecciones (ITE) refrendó su papel como órgano defensor de los peores intereses políticos: los del lorenismo.
Porque, si había una mínima esperanza de que el órgano electoral local sentara un precedente para garantizar la equidad de cara al arranque del proceso electoral 2026-2027, esta se esfumó el pasado miércoles.
La sesión extraordinaria del Consejo General del ITE dejó un sabor amargo y confirmó que, pese a las pruebas jurídicas, todo el aparato institucional de Tlaxcala funciona a favor del delfín Alfonso Sánchez García.
Lo habíamos señalado de los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y hasta de los municipios, pero la última palabra la tenía el árbitro electoral… ahora sabemos que el ITE también va con él.
El descarado papel defensor del OPLE lo encabezó el consejero presidente Emmanuel Ávila González, quien, pese a las contundentes pruebas que incriminaban a Sánchez García, optó por proponer su deslinde de cualquier acto anticipado de campaña; es decir, el perdón y, con ello, fungir como su escudo protector.
En el debate, Sánchez García había quedado expuesto; se encontraba en una situación vulnerable, pues la imposición de medidas cautelares en contra de su rival, la Senadora Ana Lilia Rivera Rivera, no procedían, dado que no había acto anticipado que se vinculara directamente con su persona; las bardas con la leyenda “Es Ella” no hacían alusión a un perfil en específico, como sí lo hacen las que dicen “Va con él… y él es Alfonso Sánchez”.
La comisión del ITE encargada de realizar las indagatorias previas confirmaba los actos de posicionamiento ilegal que inciden en el proceso electoral venidero a favor del delfín, pero su consejero presidente no podía permitirse actuar en contra del aparato para el que sirve y del cual también se sirve.
¿Cómo se vería el ITE actuando solo a favor de Rivera Rivera y en contra de Sánchez García? Es una interrogante que el consejero presidente no quiso responderse y optó por aceptar el perverso juego de los deslindes.
“La promoción ilegal existe, pero si Alfonso ya dijo que no autorizó que su nombre e imagen se utilizaran en tales bardas, panfletos y espectaculares, entonces no incurre en un acto anticipado de campaña y, por lo tanto, no es merecedor de una medida cautelar”; fue lo que prácticamente argumentó el sumiso Ávila González.
Su propuesta prosperó y da la pauta para que todo siga igual, para que el lorenismo siga promoviendo a su delfín con total descaro.
No solo eso: el antecedente permite que otros aspirantes jueguen al filo de la legalidad y, si existe impugnación en su contra, puedan defenderse con un simple y sencillo “no autoricé”.
El descarado papel defensor del ITE hacia Alfonso y el lorenismo rompió de manera oficial con la equidad en la contienda. Creo que, a estas alturas, no era tan descabellada la idea de que una reforma electoral profunda acabara con la existencia de los órganos electorales locales que solo se someten a los intereses perversos del poder en turno.
