Turismo desde abajo; la fuerza de lo local en el desarrollo nacional: Chiautempan



Opinión de Jesús Abaraham Fragoso

En México, durante muchos años, el desarrollo se pensó de arriba hacia abajo: grandes inversiones, grandes ciudades y grandes proyectos. Sin embargo, hoy vivimos un proceso de transformación. El crecimiento también se construye desde lo local, desde la identidad y desde las comunidades, con una visión de prosperidad compartida.

El turismo es uno de los mejores ejemplos de este cambio

Más allá de ser una actividad económica, el turismo se ha convertido en una herramienta de desarrollo social. No solo genera empleos, sino que distribuye ingresos de manera directa en las familias, fortalece el comercio local y reactiva cadenas productivas que durante mucho tiempo permanecieron invisibles, impulsando lo local como eje del desarrollo.

Municipios como Chiautempan representan con claridad este nuevo rostro del desarrollo. Su riqueza no radica en grandes complejos turísticos, sino en algo mucho más valioso: su identidad. La tradición textil, su gastronomía, sus costumbres y su vida cotidiana hoy tienen el potencial de convertirse en una experiencia turística auténtica.

Pero además, Chiautempan ofrece una lección importante: el turismo también puede organizarse estratégicamente a lo largo del año. El municipio funciona con seis ejes primordiales que se han convertido en momentos ancla para generar derrama económica a través del turismo local y regional: el Carnaval, la Semana Santa, la Feria Nacional del Sarape, las fiestas patrias, el Día de Muertos y la Feria Navideña.

A la par, iniciativas como la marca registrada Hecho en Chiautempan fortalecen este modelo al impulsar la producción de artesanos y emprendedores locales, consolidando una identidad económica propia basada en el talento y el trabajo de su gente.

Cada uno de estos periodos no solo representa una celebración, sino una oportunidad concreta de desarrollo.

El Carnaval de Chiautempan se mantiene como uno de los más competitivos en el estado, contando con más de 28 camadas; atrayendo visitantes y fortaleciendo la identidad cultural. La Semana Santa, por su parte, se ha consolidado como la más importante a nivel estatal y una de las más relevantes a nivel nacional. Tan solo en 2026, se estimó la llegada de más de 120 mil visitantes, resultado de estrategias de planeación, inversión y posicionamiento impulsadas a lo largo de distintos años.

Este dato no solo habla del presente, sino de una lección clara: cuando hay continuidad en las políticas públicas, los resultados se fortalecen. La transformación también se construye con constancia. El desarrollo no surge de esfuerzos aislados, sino de procesos sostenidos que, con el tiempo, generan confianza, arraigo y crecimiento.

En este mismo sentido, la Feria Nacional del Sarape representa una gran oportunidad de reposicionamiento. Durante algunos años ha perdido presencia, pero al retomarla como un eje estratégico, puede convertirse nuevamente en un motor de desarrollo para comerciantes, artesanos y prestadores de servicios, así como en un atractivo clave para quienes buscan vivir la fiesta patronal de Santa Ana Chiautempan en toda su expresión.

Las fiestas patrias, el Día de Muertos y la Feria Navideña —esta última posicionándose como una de las más importantes en el estado— complementan un calendario que demuestra que el turismo no es una actividad aislada, sino una estrategia continua.

Este es el punto clave: lo que antes era visto como algo cotidiano, hoy es un activo económico. La cultura deja de ser solo herencia para convertirse también en oportunidad.

Pero este proceso no ocurre de manera automática. Requiere visión, planeación y compromiso. El turismo comunitario implica ordenar, capacitar y acompañar a quienes forman parte de esta actividad, para que el crecimiento no solo sea económico, sino también sostenible y con identidad.

Ese es uno de los grandes retos de nuestro tiempo: profesionalizar sin perder esencia.

México tiene en sus comunidades una fortaleza enorme. Cada municipio, cada tradición, representa una posibilidad de desarrollo si se le da el valor que merece. Apostar por lo local es apostar por un país más justo.

Cuando el turismo se construye desde abajo, no solo crece un destino: crecen las personas, se fortalece el tejido social y se consolida un modelo de desarrollo con prosperidad compartida.

Hoy, más que nunca, es momento de mirar hacia lo local. Porque ahí, en nuestras raíces, está también el futuro y la transformación de nuestros municipios. Todos caminando de la mano. Porque el Pueblo y nuestra gente; son primero.

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