Inseguridad da la bienvenida a Carlos López; Apetatitlán con regidores sin resultados

 


Opinión de Cristian Flores

Apenas habían transcurrido 18 días desde que Carlos López Suárez rindió protesta como presidente municipal de Tlaxcala, tras la licencia solicitada por Alfonso Sánchez García para buscar la coordinación de Morena rumbo a la gubernatura, cuando la delincuencia le recordó que el principal problema de la capital no era político, sino de seguridad.

No es una novedad que la delincuencia opere a plena luz del día en el centro histórico. El problema es que, lejos de disminuir, los delitos continúan exhibiendo la incapacidad de las autoridades municipales para recuperar el control. En menos de 24 horas, el centro de la capital volvió a ser escenario de hechos delictivos: primero, delincuentes irrumpieron en la casa de empeño Fundación Dondé y sustrajeron joyas valuadas en aproximadamente 50 mil pesos; un día después, dos sujetos intentaron asaltar un comercio. Aunque la Policía Municipal logró detener a uno de los presuntos responsables, quien portaba un arma de juguete, su cómplice logró escapar.

Los hechos representan la primera prueba para un alcalde que heredó una administración marcada por la inseguridad. Carlos López Suárez presume coordinación con las corporaciones estatales, pero esa narrativa todavía no se traduce en resultados.

Lo cierto, es que el nuevo presidente municipal enfrenta un desafío para el que deberá demostrar algo más que buena voluntad, especialmente cuando su experiencia ha estado ligada al transporte público y no a la administración municipal ni a las estrategias de seguridad.

Mientras tanto, en Apetatitlán los regidores intentan construir una oposición donde todavía no existe. El cuarto regidor por Morena, Alfredo Paul Rosano, busca encabezar la exigencia para destituir a la secretaria del Ayuntamiento, Gloria Ramírez Ramos, luego de que una sesión de Cabildo fuera cancelada cuatro horas antes de su realización por motivos personales del alcalde Azaín Ávalos Marbán.

Pero antes de intentar desestabilizar a la administración municipal, valdría la pena hacerse una pregunta: ¿qué ha hecho Alfredo Paul Rosano y el resto de los regidores por Apetatitlán y sus comunidades desde que asumieron el cargo? Más que ejercer una oposición seria y responsable, algunos integrantes del Cabildo parecen dejarse llevar por el canto de las sirenas y la confrontación política. Resulta contradictorio que quienes hoy pretenden erigirse como contrapeso del gobierno municipal ni siquiera hayan demostrado resultados en beneficio de la ciudadanía.

El Informe de Resultados del Órgano de Fiscalización Superior correspondiente a la Cuenta Pública 2024, en el periodo de julio a diciembre, revela que los seis regidores omitieron presentar sus informes de actividades durante los primeros seis meses de gobierno. Es decir, quienes hoy exigen cuentas tampoco han rendido las propias. Antes de pedir destituciones, tendrían que explicar cuál ha sido su aportación al desarrollo del municipio.

En Tlaxcala capital, la inseguridad continúa poniendo en evidencia a un gobierno que aún no encuentra el rumbo. En Apetatitlán, en cambio, algunos regidores parecen más preocupados por fabricar conflictos políticos que por cumplir con las funciones para las que fueron electos.

Nos vemos la próxima semana en El Juego Sobre la Mesa.

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