Opinión de Cristian Flores
El autoproclamado “hijo del pueblo” se fue. Homero Meneses
Hernández dejó la SEPE-USET, para buscar un cargo de elección y con él se va
una pesadilla que el magisterio tlaxcalteca no olvidará.
A la mitad del gobierno de Lorena Cuéllar, Meneses utilizó
la Secretaría de Educación como trampolín para cumplir su sueño como candidato
a gobernador. Pero no pudo. Lo frenaron.
Su paso por la SEPE estuvo acompañado de constantes
protestas, paros laborales y fricciones con sindicatos (como el SNTE) debido a
presunto hostigamiento, despidos injustificados y vulneración de derechos
laborales.
EL OFS lo exhibió por presunto nepotismo, anomalías en la
asignación de plazas y un manejo financiero irregular y pagos fuera de norma.
Meneses Hernández, en sus palabras de despedida, aseguró que
deja una SEPE en orden y con proyectos en marcha, pero el magisterio lo observó
con desconfianza. En su lugar llega José Alonso Trujillo Dominguez, exdirector
general del COBAT, quien no llega con las manos limpias, pues dejó un daño
patrimonial superior a los 4 millones de pesos en 2025. Esa deuda, por cierto,
la tendrá que solventar su sucesor, Sartillo Hernández.
Con esos resultados en el Colegio de Bachilleres, ¿qué
finanzas dejará José Alonso Trujillo en la SEPE cuando concluya el gobierno de
Lorena Cuéllar?
Lo cierto es que en la Secretaría de Educación salen los
mismos y entran los mismos. Otra pesadilla se apoderará de la SEPE y el
magisterio. Tlaxcala seguirá esperando una verdadera transformación educativa.
Pero mientras haya sillas que ocupar, la educación será lo de menos.
Nos vemos la próxima semana en El Juego Sobre la Mesa.
