Opinión de Cristian Flores
Mientras el gobierno de Lorena Cuéllar presume inversiones
millonarias y estrategias de seguridad, la realidad en Tlaxcala refleja un
crecimiento de la inseguridad, pues aún vemos asaltos a mano armada, mujeres y
hombres asesinados y capturas de líderes de grupos criminales.
Las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional
de Seguridad Pública y de la Fiscalía General de Justicia del Estado son
contundentes, pues las carpetas de investigación del fuero común crecieron más
de un 20 por ciento entre enero y febrero. A ello se suma el incremento de
feminicidios y delitos de alto impacto en municipios donde colectivos y
ciudadanos acusan incluso un subregistro de casos.
Sin embargo, el gobierno lorenista informó en días pasados
la inversión de 265 millones de pesos para modernizar corporaciones policiacas.
Patrullas nuevas, radiocomunicación y equipamiento forman parte de la narrativa
gubernamental; no obstante, la pregunta sigue siendo la misma: ¿por qué la
percepción de inseguridad continúa creciendo?
El propio titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana,
Alberto Martín Perea Marrufo, ha reconocido públicamente la falta de policías y
la crisis en los mandos municipales. Que solo 33 de los 60 municipios cuenten
con directores de seguridad aprobados en control y confianza exhibe el tamaño
del problema institucional que enfrenta Tlaxcala.
La gobernadora Lorena Cuéllar ha optado por un discurso más
reservado respecto a la seguridad del estado. Evita responder a los
cuestionamientos sobre la inseguridad y mejor prioriza los temas de
infraestructura, programas sociales y obras emblemáticas de su gobierno.
Ante el problema, lo que todavía existe del PRD Tlaxcala ha
exigido de nueva cuenta la salida del secretario de Seguridad, acusando fracaso
y simulación. Más allá de los señalamientos partidistas, lo cierto es que la
ciudadanía comienza a cansarse de escuchar más de lo mismo, mientras la
percepción de inseguridad sigue presente en la ciudadanía.
Tlaxcala enfrenta hoy uno de sus momentos más delicados en
materia de seguridad. El reto no solo es comprar patrullas o anunciar
inversiones millonarias, sino recuperar la confianza de una sociedad que
observa cómo los delitos avanzan más rápido que las estrategias oficiales.
Nos vemos la próxima semana en El Juego Sobre la Mesa.
