Caíste de mi gracia



Por Ricardo Burgos Orozco

María Corina Machado Parisca, de 64 años de edad, nacida en Caracas, ingeniera industrial, maestra e inclinada a la política, es considerada la principal opositora al chavismo en su país, Venezuela. Fue diputada y candidata presidencial en las elecciones de 2012. Se identifica con una orientación liberal tanto en material económica como social; defiende una reducción del papel del Estado en las políticas públicas, promueve el libre mercado y el emprendimiento como los principales impulsores de la creación de riqueza y empleo.

Por su ideología, María Corina Machado Parisca también sería opositora en México en donde el gobierno ha abusado de las prácticas paternalistas y dadivosas, además de la obsesión gobiernista de querer participar en todas las actividades de la economía, hasta en líneas aéreas y ferrocarriles, aunque la pérdida de dinero público, sea escandalosa y pocos se atrevan a decirlo.

La política venezolana primero fue acérrima enemiga de Hugo Chávez y luego de quien lo sucedió, Nicolás Maduro Moros, ahora encerrado en una prisión de alta seguridad de Nueva York junto con su esposa, acusados de terrorismo y narcotráfico. Pero mientras estaba en el poder, Marina Corina tuvo que vivir en la clandestinidad, con el riesgo de perder la vida en cualquier momento y con su familia siempre en peligro.

Sin embargo, el lunes 20 de octubre del año pasado, el Comité Noruego del Premio Nobel de la Paz anunció el galardón para la ingeniera caraqueña por su defensa de la democracia y los derechos humanos en Venezuela. El mundo en general se mostró complacido por esa distinción para una luchadora social como Machado; en México, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el partido oficial, Morena, prefirieron guardar su opinión porque contravenía a su gran aliado y amigo, Nicolás Maduro.   

Desde su escondite en algún lugar de Venezuela, María Corina Machado acudió a Oslo, aunque tarde, a recibir su premio; dicen que ayudada por autoridades de Estados Unidos. En la ceremonia, su hija fue quien estuvo en el acto oficial y más tarde ella dio declaraciones desde un hotel de la capital noruega.

Después ocurrió la captura de Maduro y parecía que, por fin, María Corina Machado podría salir de la clandestinidad en su país, pero el gobierno norteamericano detuvo a un dictador por delitos de terrorismo y narcotráfico, pero dejó a un mismo sistema, con una presidenta de “chocolate”, Delcy Rodríguez, vicepresidenta con Maduro, pero dispuesta a obedecer el mandato de la Casa Blanca, lo que sea.

Con un futuro incierto, María Corina Machado lo único que pudo hacer fue entrevistarse por la puerta trasera, sin candilejas, con el presidente Donald Trump y ofrecerle en prenda lo que tanto deseó en su momento el republicano: el Premio Nobel de la Paz o cuando menos la medalla y el reconocimiento. Por supuesto, la entrega no tuvo ningún valor oficial, pero el magnate se mostró más que complacido por el entreguismo de la venezolana.

Gran decepción internacional por una mujer que hasta hace poco era admirada casi por unanimidad. Como cualquier político de cualquier país --- en México lo vemos diario --, María Corina cae hasta la ignominia para tratar de conseguir sus propósitos. En tanto, Trump habla telefónicamente con Delcy Rodríguez y la califica de “admirable”.

Vaya papelón de una lideresa mundial. María Corina Machado Parisca cayó de mi gracia y seguramente de la gracia de millones de personas más.

Las opiniones escritas por columnistas son independientes y no reflejan necesariamente la postura editorial de Entre Líneas Tlaxcala.

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