Morena Tlaxcala: el discurso de unidad frente a la lucha por el poder

Editorial | Entre Líneas Tlaxcala 

Morena Tlaxcala vive hoy una contradicción evidente entre su discurso público y su práctica política. El pasado 6 de enero, la dirigente estatal Marcela González Castillo aseguró ante la prensa que no pondría en riesgo al movimiento por intereses personales. El domingo 11 de enero, durante la Jornada en Defensa de la Soberanía Nacional, volvió a repetir la misma frase. También, aseguró que la candidatura al gobierno del estado “la decidirán los tlaxcaltecas” y que en Morena no existen fracturas internas.

Morena en Tlaxcala no atraviesa un momento de unidad, sino una disputa abierta por el poder, concentrada en un solo proyecto político-familiar que busca imponer al alcalde capitalino, Alfonso Sánchez García, como candidato a la gubernatura en 2027. La reiteración del discurso de “no arriesgar al movimiento” parece más una mentira, que un compromiso con la democracia.

La dirigencia estatal, lejos de actuar parcial con la militancia, se ha convertido en el destructor de su institucionalidad. Marcela González no solo encabeza Morena Tlaxcala, sino que mantiene una relación directa con el proyecto político de su esposo, lo que ha generado desconfianza, inconformidad y ruptura entre militantes, fundadores y liderazgos que no se alinean a esa aspiración. 

Morena no ha logrado construir lazos de unidad con su diputado federal Raymundo Vázquez Conchas, cuya aspiración a la gubernatura y cercanía con los grupos de Ricardo Monreal y Pedro Haces lo han colocado fuera. Tampoco existe tolerancia hacia el senador José Antonio Álvarez Lima, señalado únicamente por respaldar a la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, quien hoy encabeza las encuestas y representa una opción con legitimidad social que incomoda al grupo en el poder por ser la posible candidata al gobierno. 

Negar estas fracturas no ayuda en nada. Al contrario, profundiza el desgaste de un partido que nació con la promesa de combatir las viejas prácticas de la política, pero que en Tlaxcala comienza a reproducirlas: favoritismos, exclusiones, imposiciones y uso del aparato gubernamental para inclinar la balanza interna.

El gobierno del estado no es ajeno a esta lucha ambiciosa. Al otorgar respaldo político y espacios de poder a Marcela González, y al tolerar el impulso anticipado del proyecto Sánchez García, se convierte en corresponsable del deterioro institucional de Morena.

La línea entre partido y gobierno se ha desdibujado peligrosamente.
Si Morena insiste en reducir su futuro a un solo apellido y a una sola candidatura, corre el riesgo de traicionar su origen y provocar una fractura que no podrá contener con discursos. La militancia y la ciudadanía observan. Y en política, negar la realidad suele ser el primer paso hacia la derrota.

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