Por Cristian Flores
Bardas pintadas, volantes, lonas, “tamalizas” y una evidente
cargada de apoyo por parte de presidentes municipales, diputados locales,
funcionarios del gobierno del estado, e incluso jueces y magistrados. Todos
alineados como un ejército para impulsar al alcalde capitalino, Alfonso Sánchez
García, rumbo a la candidatura de Morena al gobierno de Tlaxcala.
El cinismo, la hipocresía y el descaro acompañan los actos
anticipados de campaña de Sánchez García. Sin embargo, el gobierno del estado y
la dirigencia estatal de Morena, encabezada por Marcela González Castillo, han
recurrido a la mentira para intentar deslindarse de los hechos.
Por un lado, González Castillo asegura que desde la
dirigencia no se apoya al presidente municipal y ha exhortado a los aspirantes
a respetar los tiempos electorales, afirmando que no arriesgarán al movimiento
por intereses personales. No obstante, sus actos dicen más que sus palabras.
Por su parte, Alfonso Sánchez declara en entrevistas que las
“tamalizas” organizadas por presidentes municipales son simples invitaciones
personales. Aun así, con total descaro, se atreve a afirmar que “hay que
respetar los tiempos y las leyes electorales”.
El gobierno del estado responde a través de su vocero,
Antonio Martínez Velázquez, negando cualquier irregularidad, pese a que
trabajadores de dependencias estatales han sido obligados a salir los fines de
semana a recorrer el estado para promocionar a Alfonso Sánchez García, como
ocurrió con personal de Bienestar Animal, que el domingo pasado realizó
actividades proselitistas en el municipio de Emiliano Zapata.
Aun así, se aferran a la frase “aún no son los tiempos” como
su escudo. ¿De verdad creen que los tlaxcaltecas siguen creyendo ese discurso?
¿A quién quieren engañar?
La realidad es que Alfonso Sánchez utiliza las “tamalizas” y
cualquier evento público para promocionarse, traicionando su mandato
constitucional, al igual que los servidores públicos que abusan de sus
funciones para respaldar el proyecto personal del lorenismo y el anayismo.
Estos actos constituyen una violación al artículo 134 de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que prohíbe el uso de
recursos públicos con fines electorales y la promoción personalizada.
Mientras tanto, el favorito de Lorena Cuéllar se expone a
que cualquier ciudadano o partido político interponga una queja ante la
Comisión de Denuncias del INE. Si la autoridad electoral encuentra elementos,
podría imponerle sanciones económicas severas e incluso poner en riesgo su
permanencia en el cargo. En ese escenario, Morena no tendría bases legales para
impugnar la resolución, ya que la responsabilidad recaería directamente en el
servidor público, no en el partido.
Al final, no se trata de si “ya son los tiempos”, sino de si
hay calidad moral, ética y voluntad para respetar la ley. Cuando el poder se
adelanta, se impone y miente, deja claro que no busca continuidad democrática,
sino perpetuarse, y si se permite la imposición, Tlaxcala, seguirá siendo el
bastión de las castas divinas.
Nos vemos la próxima semana en El Juego Sobre la Mesa.
