Opinión de Cristian Flores
Estamos en tiempos donde la hipocresía se vuelve el pan de
cada día de los políticos. Estamos también en tiempos donde la lucha por el
poder se convierte en una ambición que surge desde las entrañas de quienes
buscan manejar el poder; sin embargo, como diría Daniel Cosío Villegas, “no ha
nacido el hombre que pueda manejar con honestidad el poder absoluto”.
En estos días comenzó la desbandada de los cargos públicos. Al
momento, quienes ya solicitó licencia fue el diputado federal Raymundo
Vázquez Conchas y hoy la solicitará el alcalde capitalino Alfonso Sánchez García. Falta
Oscar Flores, secretario de Finanzas del Estado de México y la senadora Ana
Lilia Rivera, pero nos cuentan que será después de su informe del próximo
domingo.
Y quienes también comen ansias por escalar un peldaño más en
el poder son alcaldes, diputados locales y actores políticos.
La dirigencia nacional de Morena, encabezada por Ariadna Montiel, anunció que el registro de aspirantes de Morena, PVEM y PT se realizará el 27 de junio para el caso de Tlaxcala, Zacatecas y Sinaloa. La decisión otorga unos días más a quienes buscan competir por una candidatura para solicitar licencia y separarse de sus cargos públicos.
La salida de Alfonso Sánchez no sorprendió. Desde hace
semanas era un secreto a voces dentro del Ayuntamiento de Tlaxcala. Lo que sí
llama la atención es el contraste entre el discurso y los hechos. Mientras hoy
se argumenta respeto a los lineamientos de Morena y a las directrices de la
presidenta Claudia Sheinbaum, durante meses se desarrolló una intensa
estrategia de posicionamiento político que incluyó bardas, espectaculares,
reuniones multitudinarias y hasta polémicas playeras que terminaron
convirtiéndose en símbolo de una promoción difícil de ocultar.
Más allá de las explicaciones oficiales, resulta imposible
ignorar que Alfonso Sánchez fue el proyecto político predilecto del lorenismo.
Contó con el respaldo abierto de un gobierno que movilizó estructuras,
operadores y recursos para construir una candidatura con mucha anticipación. La
pregunta es si ese mismo empeño se puso en resolver los problemas de la
capital.
Porque mientras la promoción avanzaba, la ciudad seguía
enfrentando conflictos con comerciantes, inconformidades en comunidades,
problemas de seguridad y una percepción creciente de abandono. A ello se suma
la falta de una obra emblemática que transforme el rostro de la capital.
Después de año y medio de gobierno, los resultados visibles se limitan
principalmente a rehabilitaciones de calles.
Ahora Alfonso Sánchez deja el cargo para perseguir una aspiración mayor. Está en su derecho. Lo que también es legítimo es preguntarse si gobernó pensando en los ciudadanos o en el siguiente puesto. Porque en política, como en la vida, el poder suele ser una tentación difícil de resistir. Y en Tlaxcala, la carrera por el 2027 apenas comienza. Y dudosamente, nacerá un político que maneje el poder con honestidad.
Nos vemos la próxima semana en El Juego Sobre la Mesa.
