El orgullo de su nepotismo

 


Opinión de Cristian Flores

“Orgullo de mi nepotismo”, frase acompañada de cinismo del expresidente de México José López Portillo, que utilizó para referirse al nombramiento de su hijo José Ramón como consejero jurídico de su gobierno. Dicha expresión reflejó una práctica que en la política mexicana se convirtió en una doctrina, dejando de lado la ética y la calidad moral.

Esa frase cae como anillo al dedo al comisionado del Partido del Trabajo en Tlaxcala, Silvano Garay Ulloa, quien ha utilizado esa enfermedad del sistema político para premiar con cargos públicos a sus hijos, Irma Yordana y Silvano Garay, ambos convertidos en legisladores.

El pasado sábado 27 de junio, Garay Ulloa mostró una sonrisa al orgullo de su nepotismo, la diputada federal Irma Yordana, recibir su constancia como aspirante a la coordinación estatal de los Comités en Defensa de la Cuarta Transformación, es el retrato de quien presume, sin pudor, el poder que ha construido alrededor de su familia.

Lo digo y lo sostengo: la familia Garay representa uno de los ejemplos más evidentes del nepotismo que aún persiste en la política tlaxcalteca. Podrán escudarse en que la ley no les impide ocupar cargos públicos al mismo tiempo, pero la legalidad nunca sustituirá a la legitimidad ni a la ética.

El problema no es únicamente que una familia concentre posiciones de poder. Lo verdaderamente preocupante es que se normalice la idea de que los partidos políticos son patrimonio de unos cuantos y no instrumentos al servicio de la ciudadanía.

El PT Tlaxcala se convirtió en el vivo retrato de su líder supremo el senador Alberto Anaya, quien lleva décadas controlando el partido. El PT no es, ni será, un ejemplo de congruencia política.

Nos vemos la próxima semana en El Juego Sobre la Mesa.

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