La salida después de la fractura


 Opinión de Cristian Flores 


Marcela González Castillo decidió dejar la dirigencia estatal de Morena por "congruencia". Su paso por el partido dejó divisionismo en una militancia que no la vio con buenos ojos desde su llegada. Quienes no comulgaban con ella, la señalaban de autoritaria. Y otros, tiraban cascadas de halagos porque la veían como una gran líder.


Un comunicado publicado el pasado lunes 13 de junio en su página oficial de Facebook, González Castillo enfatizó que su salida fue por una determinación que asumió con responsabilidad y reflexión. En serio pensó que con esas palabras de despedida, los miles de tlaxcaltecas iban a creer que es una persona que realmente condujo con legitimidad y honestidad las riendas de Morena.


Desde que la decisión tomada desde Casa de Gobierno para que Marcela fuera la dirigente del movimiento, ella debió no aceptar la encomienda. Uno, por el simple hecho de ser la esposa de Alfonso Sánchez García; y segundo, por respeto a la militancia que sí ha estado en la lucha desde la creación de Morena. Lo cierto es que toma la decisión de dejar el partido justo cuando la campaña anticipada que planearon para su esposo avanzó descaradamente.


La reflexión que tanto presumió en su comunicado de despedida tardó un año siete meses para que la congruencia llegara; sin embargo, durante todo ese tiempo Morena Tlaxcala superó con creces las críticas y la inconformidad de la militancia.


Sin duda, Marcela González no deja un partido fortalecido y unido. Lo que dejó fue una ruptura gracias al nepotismo que imperó durante más de un año. Porque su renuncia no es un acto de grandeza. La militancia morenista no olvidará las imposiciones, los desplantes y la forma en que se sintieron usados para engrosar las filas de un proyecto familiar.


Que su salida no la disculpa ni la redima. Que no espere que quienes la señalan como la principal responsable de la fractura en Morena Tlaxcala ahora la recuerden con cariño. Su legado no será la unidad, sino el ejemplo de cómo el poder se convierte en un botín familiar. Y su salida, más que una renuncia, es el reconocimiento de que su tiempo ya había caducado.

Nos vemos la próxima semana, en El Juego Sobre la Mesa. 

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